Carolina Aguirre es una joven guionista, mimada por el público y los premios. Miles de lectores han seguido sus weblogs o blogs. Es la autora de Bestiaria y, bajo el seudónimo "Lucía González", del exitoso Cita a ciegas, ambos publicados en formato libro por editorial Aguilar. Cita a ciegas fue adaptado para la televisión y se transmitió con éxito en 25 países.
Los weblogs no constituyen un género literario sino un soporte de transmisión. Sin embargo, se observan, en el discurso narrativo, ciertas recurrencias: apela a una lengua directa y coloquial, de tono intimista; tiene conciencia de un lector cómplice, o cuya complicidad se puede conquistar; aborda lo presente y cotidiano; prima el paisaje urbano; la anécdota recurre a lo hiperbólico, a la ironía y al humor.
El efecto Noemí es la primera novela de Aguirre publicada directamente en papel, y, en cierta medida sigue la estética de los blogs. Los acontecimientos narrados en tercera persona giran en torno a la mediocre vida de Boris Rueda, un contador porteño, rutinario y sin demasiada imaginación. Sus amigos han dejado de ser jóvenes, para convertirse en hombres maduros, con sobrepeso, bastante patéticos, amantes del fútbol, que se jactan de sus conquistas extramaritales.
Libertad ilusoria
La hazaña de Boris es abandonar a Noemí, su esposa durante 30 años, que ejerce un asfixiante control sobre cada uno de sus gestos, en especial, aquellos relacionados con la alimentación y la vestimenta: "Pensó en todo lo que dejaba atrás y en todo lo que vendría. Era ella o era él. Eran esos 30 años o los 20 que vendrían."
Pero la libertad es sólo una ilusión. Boris no logra conciliar el sueño fuera de su casa. Eventualmente descubre que la comida de su ex mujer, para él, tiene un efecto somnífero, y así comienza un plan de saqueo a la que fuera otrora su cocina. Al atracón de comida sustraída le sigue el sueño reparador. Ante la imposibilidad de ser feliz, Boris arriesga todo, y elige vivir en la negación: en la fantasía de una vida que dejó de ser.
La lengua del relato se articula en un prosaísmo extremo. La falta de imágenes, el lenguaje romo, y la sordidez de algunos episodios se atemperan ante la ágil construcción de la historia, la transmisión de una atmósfera claustrofóbica y el humor agridulce que agudizan la sensación de futilidad y la falta de redención. © LA GACETA